Fenómenos mutuos de los satélites de Júpiter

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      1. Un poco de historia

 

Durante mucho tiempo los fenómenos mutuos fueron considerados como meras curiosidades, sin ningún tipo de interés científico particular, por lo que resulta difícil hallar bibliografía antigua al respecto. Así, Bertrand M. Peek (1958), pese a dedicarles un capítulo en su famoso libro The Planet Júpiter comenta sobre ellos: No hay nada especialmente relevante en las ocultaciones mutuas. Un punto de interés, sin embargo, es que pueden destacar muy bien la diferencia en los albedos de los satélites.., y prosigue Son convenientes predicciones de las ocultaciones mutuas, pero no necesarias...

El primer relato de un fenómeno de este tipo se lo debemos a un granjero de Saxon llamado Arnold, quien en 1693 observó casualmente una ocultación de Europa por Ganímedes. Sin embargo, la que puede considerarse oficialmente como la primera observación científica de un fenómeno mutuo no tuvo lugar hasta dos siglos más tarde. Fue precisamente Comas Solà quien la realizo en 1891, consistiendo en una ocultación parcial que involucraba a Io y a Europa, ignorándose si la observación fue casual o previamente determinada mediante cálculo.

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Esquema de cómo se producen los fenómenos mutuos.

Con posterioridad el Reverendo Webb, en Celestial Objects for Common Telescopes, cita una observación del Reverendo Espin publicada en 1917 como la primera observación del eclipse de un satélite por la sombra de otro satélite. Luego hay que aguardar hasta 1920, año en el que se hicieron predicciones sobre algunos eclipses, pero resultaron bastante imprecisas y apenas pudieron ser observados. En las ocasiones posteriores de 1926, 1931-32 y 1937-38 se realizaron nuevas predicciones, pero en realidad tan sólo fueron observados unos pocos fenómenos por parte de algunos aficionados. Con la II Guerra Mundial y durante las dos décadas posteriores ni siquiera se publicaron tablas de fenómenos. De hecho, incluso se abandonó por parte de los profesionales las observaciones fotoeléctricas rutinarias de los eclipses normales o clásicos de los satélites, pese a que la teoría de Sampson, publicada en 1910, ya mostraba lagunas e imprecisiones pues los fenómenos no acontecían a la hora prevista.

A partir de 1960, con los vuelos espaciales a la Luna y a otros planetas, los astrónomos volvieron a interesarse por los satélites naturales por dos motivos principales: la exigencia impuesta por las sondas espaciales de conocer a corto plazo la posición de estos cuerpos, lo que implica cálculos de integración numérica muy complejos, y a la aparición de las computadoras que permiten realizarlos con relativa facilidad. Así, en 1973 Kaare Aknes y Jean-Eudes Arlot, entre otros, realizaron tímidos intentos de observar los fenómenos mutuos. En 1979 las observaciones empezaron a fructificar y en 1985, tras una campaña de cooperación mundial entre profesionales y aficionados (dirigida por Franklin desde América y Arlot desde Europa), se consiguió obtener 418 curvas fotométricas de luz correspondientes a 237 fenómenos distintos del total de 361 teóricamente visibles desde la Tierra.

Excelente curva fotométrica de la ocultación de Ganímedes por Europa. Nótese que la variación de luz no llega a 0,2 magnitudes (J. Guarro). Eclipse de Io por Europa. En este caso la variación de luz es de 0,7 magnitudes (P. Gallego y J.M. Gómez).

 

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