LA OBSERVACIÓN VISUAL DE SATURNO
CLASIFICACIÓN DE LAS FORMACIONES DE SATURNO

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CLASIFICACIÓN DE LAS FORMACIONES DE SATURNO

De acuerdo con la duración y constitución, siguiendo el criterio de Sánchez Lavega, los detalles observables en la atmósfera de Saturno pueden clasificarse en tres grupos o tipos: estáticos, semieruptivos y eruptivos.

FORMACIONES ESTÁTICAS.- Son las de larga vida y que apenas sufren cambios en el tiempo. Este grupo comprende las bandas y las zonas, las cuales no experimentan cambios espectaculares al estilo de los debilitamientos y reanimaciones de las bandas de Júpiter. En todo caso, aunque muestran gran riqueza de detalles, principalmente fuera de las bandas ecuatoriales, éstos son de un tamaño inferior al poder resolutivo de los telescopios y de muy poco contraste.

DETALLES SEMIERUPTIVOS.- Se trata de manchas de pequeño tamaño y bajo contraste, ya observables con telescopios de aficionado (a partir de los 20 cm de abertura) aunque de detección difícil. Generalmente son manchitas blancas o amarillas de dimensiones no superiores a los 10.000 km y con una duración entre uno y dos años. En ocasiones también pueden ser manchitas oscuras situadas en el interior de las zonas, como la conocida como el vórtice polar que limita con el Hexágono (mancha de color pardo de poco menos de 1" que se dispone a uno de los lados de una banda oscura de forma toscamente poligonal fotografiada por los Voyager), cercana a la región polar norte y que podría ser el mismo objeto redescubierto con telescopios terrestres en 1990. De tratarse realmente en ambos casos del mismo detalle, se convertiría en la mancha individual más longeva conocida en Saturno, lo que obligaría revisar nuestras ideas sobre la vida media de estas manchas. Estos detalles son muy interesantes ya que pueden proporcionar datos sobre el período de rotación en distintas latitudes. Aunque de naturaleza y origen distinto, en este apartado podrían incluirse también los segmentos de bandas detectados en la NEB y SEB citados anteriormente. Generalmente resultan ser mucho más aparentes y contrastados que los detalles semieruptivos propiamente dichos.

DETALLES ERUPTIVOS.- Son los fenómenos más espectaculares y prácticamente los únicos capaces de modificar profundamente la morfología de la región en donde aparecen. Por su origen y por su posterior evolución, tienen grandes semejanzas con las grandes erupciones de la SEB de Júpiter. Aparecen repentinamente como una gran mancha brillante blanca (denominada GWS = Great White Spot) de unos 20.000 km de longitud que, en pocas semanas, se expanden rápidamente hacia las longitudes decrecientes, al tiempo que pierden intensidad, mientras que el borde siguiente (el inicial) permanece más o menos en posición estática, mientras se forma una columna oscura que une las dos bandas que delimitan la mancha. Además, como en el caso de Júpiter, también suelen mostrar erupciones múltiples. Su duración es de dos o más meses y en su expansión llegan a regenerar la zona en donde han aparecido (a diferencia de las erupciones jovianas en las que se regeneran las bandas y no las zonas) aunque posteriormente, en el plazo no superior a un año, pueden hacer variar la posición de las bandas en dirección a la zona en donde apareció la GWS.

Las erupciones más espectaculares y mejor estudiadas fueron las GWS ecuatoriales de Hall (1876), Hay (1933), las de Barnard a 36°N (1903), las de Botham-Dollfus a 58°N (1960) y la extraordinaria GWS de la zona ecuatorial de 1990. Curiosamente aparecieron con intervalos comprendidos entre 26,6 y 30,1 años, muy parecido al valor del período orbital de Saturno (29,5 años) y siempre cuando era verano en el hemisferio Norte (el último solsticio de verano en el hemisferio Norte de Saturno tuvo lugar en diciembre de 1987), por lo que se especula con que el calor solar, junto con el flujo interno, podría ser el desencadenante. Además, en 1946 Camichel fotografió una mancha blanca en los 12°S, precisamente cuando también era verano en el hemisferio Sur. No obstante, está por ver si esta circunstancia obedece únicamente a una casualidad o tiene una base cierta, pues la periodicidad puede ser más aparente que real, teniendo en cuenta que cuando los anillos se muestran muy abiertos nos ocultan durante años uno de los hemisferios, no siendo posible conocer lo que ocurre allí durante este largo período. No obstante, tras originarse también una GWS de 1990, la teoría de la periodicidad ha ganado muchos enteros y para muchos puede darse por probada.

La calificación de fenómeno eruptivo para las GWS proviene de su irrupción espontánea, sin previo aviso. Se supone que podría tratarse de una enorme masa de gas más caliente que las nubes circundantes, elevada a consecuencia de la convección, proveniente de capas más profundas (una inmensa tormenta). La ascensión quedaría detenida en la tropopausa a causa de la inversión de térmica. Una vez allí, los fuertes vientos zonales la extenderían en el sentido de los paralelos (de aquí su pérdida de intensidad), mientras que desde el punto eruptivo original, durante algunas semanas, podría continuar ascendiendo nubes blancas. En el caso de las manchas de 1960, las más septentrionales de todas, la expansión también tuvo lugar en latitud y el material blanco llenó parte del casquete polar, lo que es indicativo de que en aquellos niveles y latitudes también pueden acontecer movimientos de las capas atmosféricas en el sentido de los meridianos (circulación baroclínica). Las tormentas ecuatoriales de la década de los 90 y la tormenta polar de 1994 obedecen a este patrón. Estas perturbaciones en ningún caso han alcanzado la virulencia de una GWS, siendo de destacar que no habían sido observadas con anterioridad, lo que no quiere decir que no existieran antes, sino que posiblemente el gran salto cualitativo que ha significado pasar de la cámara fotográfica a la CCD, permite que ahora sean detectadas. Es un tema controvertido.  


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Grup d'Estudis Astronòmics      

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