LA OBSERVACIÓN DE SATURNO   

 

Saturno visto por las cámaras de Voyager


Planisferio de Saturno construido a partir de imágenes obtenidas por el Telescopio Espacial Hubble el 25 de Mayo de 1995 en la banda del metano 890nm. La línea oscura en el ecuador es la sombra producida por los anillos. Precisamente en aquella fecha estuvieron perfectamente de canto vistos desde la Tierra.


Imágenes de Saturno el 8 de Julio de 1994 con el telescopio de 1m del Ob. de Pic du Midi. La de la izquierda con luz infrarroja y la de la derecha con luz roja.
 


Tradicionalmente la observación de rasgos atmosféricos en Saturno ha sido algo muy anodino. Sólo de muy en cuando, con intervalos de decenios, habían podido detectarse rasgos que permitieran estudiar los vientos atmosféricos en algunas latitudes. Incluso las sondas Voyager nos mostraron un planeta liso con las bandas desprovistas de detalles. Los pocos rasgos que detectaron lo fueron tras contrastar mucho las imágenes, lo que significa que eran invisibles desde la Tierra. De esto se deduce que la mayoría de detalles, que en ocasiones aparecen en los dibujos realizados por aficionados, son ilusorios. De hecho, hasta hace unos pocos años, salvo en el caso de las GWS (grandes manchas blancas), en los ambientes profesionales existía la creencia de que en Saturno no sólo no existían detalles en cierto punto parecidos a los de Júpiter, sino que incluso ni podían existir ya que deberían ser destruidos por los fuertes vientos.

Sin embargo, tras la GWS de 1990 la situación ha cambiado radicalmente y año tras año Saturno nos sorprende con la aparición de nuevos rasgos. A ello ha contribuido sin duda la cámara CCD, con una potencialidad muy superior a la fotografía y al propio ojo. En este estado de cosas, dos son las hipótesis sobre la actividad atmosférica del planeta: la una sostiene que Saturno puede tener épocas de actividad y otras de inactividad casi absoluta. La segunda es que esta actividad siempre ha existido y únicamente la aplicación de la cámara CCD ha permitido ponerla de manifiesto. Sea lo que fuere, lo cierto es que las mejores fotografías obtenidas con grandes telescopios profesionales en el pasado deberían ser capaces de mostrar detalles que ahora ponen de manifiesto cualquier cámara CCD aplicada a un telescopio de aficionado.

La conclusión que se extrae de todo ello es que, a pesar de las sondas Voyager y de la observación visual y fotográfica a la que ha sido sometido durante en el último siglo, Saturno sigue siendo un planeta desconocido para nosotros, capaz de depararnos sorpresas inesperadas (ver por ejemplo las tormentas ecuatoriales del período 1994-98 o la tormenta polar de 1994). Una vigilancia CCD de forma sistemática por parte de aficionados puede ayudar a desvelar sus secretos.
 


Tránsito del satélite Dione por delante del disco de Saturno el 7 de julio de 1994. Observatorio de Pic du Midi.



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