Evolución y aspecto

Durante más de cuarenta años los tres óvalos se mantuvieron casi equidistantes, de modo que si uno se acercaba a otro, pronto empezaba a distanciarse de nuevo, al punto que se llegó a hablar de fuerzas repulsivas que impedían que colisionaran entre si (Sato, The Heavens 50, 187, 1969). Sin embargo, en 1988-89 se inició una aproximación cerrada entre BC y DE que llegaron a distar tan sólo 18 grados en 1992, volviendo a distanciar ligeramente en los siguientes años, hasta que finalmente  y de forma casi inesperada, en febrero de 1998 durante la conjunción de Júpiter con el Sol, colisionaron entre si BC y DE para originar un óvalo único denominado BE. Tan sólo un año más tarde la historia volvía a repetirse y BE y FA también colisionaban y constituían un óvalo único, denominado BA, con lo que en la actualidad no son tres los óvalos de la STB, sino uno sólo.

Tamaño medio de los tres óvalos de la STB entre 1940 y 1980. La línea continua es un ajuste por mínimos cuadrados de los datos (Gómez 1980).

Un fenómeno que intrigó durante largo tiempo a los observadores fue que, con la aparición de las WOS, el período de rotación de la STB se aceleró en unos 15 segundos, con una larga y paulatina recuperación desde entonces, hasta volver a recuperar en la actualidad sus valores normales. Tras los Voyager sabemos que esto puede explicarse simplemente por un pequeño cambio de latitud. Y efectivamente, desde su aparición los óvalos han migrado lentamente algo más de dos grados hacia el norte, con lo que el aparente misterio ha podido resolverse. Recordemos que inicialmente surgieron en la STZ y que luego fueron incrustándose más y más en la STB. Fabero et al. (JALPO 27, 240, 1979) indicaron una oscilación en la velocidad con un período de unos 12 años superpuestos a la lenta desaceleración, es decir, de un año joviano, lo cual fue cuestionado en algunos puntos por Rogers (JBAA 101, 6, 1991).

Las sondas espaciales Pioneer, Voyager y Galileo han mostrado con toda claridad que los óvalos de la STB son unos inmensos remolinos que giran en sentido anticiclónico, hallándose sus cimas más altas que las nubes circundantes, aunque no tanto como la Mancha Roja. 

   

Imágenes en falso color obtenidas por la sonda Galileo de las WOS BC y DE pocos meses antes de que colisionaran para formar un nuevo óvalo denominado BE. Aquí se muestran separadas por un vórtice ciclónico (de color rojizo). Se supone que era el obstáculo que impedía que se acercaran más entre si, pero al desaparecer éste, aquí ya muy mermado comparado con la importancia que había adquirido unos años antes, nada pudo impedir la colisión y posterior fusión de las WOS. El nuevo óvalo resultante no apareció tan intenso como los anteriores, lo que da a suponer que hubo una importante difusión y pérdida de material por las regiones próximas, es decir, que la colisión pudo ser bastante violenta. Desafortunadamente el fenómeno no fue captado por las cámaras de Galileo, ni tampoco pudo seguirse con el Telescopio Espacial Hubble o con telescopios en tierra, dada la proximidad de Júpiter al Sol en aquellas fechas, por lo que todo son especulaciones.
 

En fin, dada la mayor velocidad de rotación de las WOS respecto a la Mancha Roja, cada año dos de los tres óvalos entraban en conjunción con la Mancha, habiéndose publicado cierto número de trabajos en favor y en contra de la interacción entre ambos tipos de detalles. La aportación más interesante en este sentido fue la de Reese, quien mostró que los óvalos marchaban a mayor velocidad en el hemisferio donde estaba la Mancha Roja que en el opuesto.

Para concluir esta historia, hacer notar que después de la Mancha Roja, los óvalos blancos de la STB son los detalles atmosféricos más longevos de Júpiter, con unos 60 años de existencia. Además, tal vez no hayan sido un fenómeno único en la historia de Júpiter, sino que probablemente se ha repetido otras veces. Así, gracias a la encomiable tarea llevada a cabo en el pasado por la Sección Júpiter de la British Astronomical Association, sabemos que antaño existieron otras manchas en la STB-STZ que por su aspecto recuerdan a las WOS. A fines del siglo XIX fueron observados varios óvalos blancos, aunque fueron efímeros o insuficientemente seguidos. Sin embargo, está probado que entre 1914 y 1935, e incluso tal vez hasta 1939, existieron tres óvalos blancos de larga vida en la Zona Templada Sur de unos 14 grados de longitud designados A, B y C. Reese (Icarus 17, 704, 1972) publicó un estudio de estas formaciones sugiriendo que podrían haber sido los precursores de los actuales óvalos blancos de la STB. El óvalo A fue observado desde mediados de 1914 hasta fines de 1939, el óvalo B entre 1914 y 1921, en tanto que el C lo fue desde mediados de 1925 hasta 1938. Reese llamó la atención sobre el hecho de que el óvalo A fuera visto por última vez en 1939 en el interior del área clara que estaba dando origen a la WOS BC lo cual, dicho sea de paso, era altamente probable que sucediera dada la considerable extensión que tenían entonces los tres óvalos nacientes. Sin embargo, no deja de ser excitante para el estudioso de Júpiter el pensar que el origen del actual óvalo BA quizás deba buscarse en el antiguo óvalo A de princios del siglo XX.


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