La construcción de un colimador Láser
(artículo publicado en la revista Universo)

De un tiempo a esta parte aparecen de forma regular en la publicidad de ciertas marcas que el centrado óptico se realiza mediante láser. Eso suena tecnológico y seguro que añade su granito de arena para que esos telescopios se vendan más. También han salido al mercado instrumentos para realizar uno mismo esa colimación. En realidad, la colimación láser no mejora la calidad de centrado óptico que logra un aficionado con cierta práctica siguiendo las instrucciones clásicas. Lo que sí hace es poner en manos de todo el mundo un sistema impersonal que permite obtener el mejor rendimiento de su reflector de forma cómoda y rápida. En este país nuestro en que la chapuza constructora se ha adueñado de los reflectores, no está mal pensar en un sistema de colimación rápido que permita poner a punto el telescopio cada noche, compensado las deformaciones de los tubos.

2 variaciones sobre el tema: La bricolagera y la "oficial"

Bien, vamos al trabajo. Explicaremos la forma más casera de hacerlo. Los privilegiados que dispongan de taller mecánico estoy seguro de que no tendrán ningún problema en extrapolar a sus posibilidades. Lo primero que necesitaremos es un puntero láser, de esos que parecen un bolígrafo. Ya se encuentran en el mercado por unas 2.000 ptas., y van bajando.

Escoged uno que sea cilíndrico. Yo compré uno de “diseño”, de perfil oval, y ha sido toda una complicación. Por otro lado necesitaremos un trozo de unos 20 cm. de tubo de PVC de 32 mm. de diámetro exterior. Los hay de varios tipos, así que si podemos escoger, vayamos a por el de pared más gruesa. En un extremo hay que rebajar unos 4 cm. ligeramente hasta 31,7 mm. Si esto nos lo puede hacer un amigo tornero, fantástico. La concentricidad de este cuello con el resto del tubo es crítica, así que si lo tenemos que hacer en casa habrá que proceder con lija fina y tranquilidad; e iremos probando hasta que entre casi a presión en nuestro portaocular, sin juego. También se debe taladrar el tubo con seis agujeros, tres a 120º a cada extremo, y roscar sendos tornillos de M5 en ellos para que el puntero láser pueda moverse en el interior del tubo de forma similar a como lo hace un buscador en sus anillas. Al menos en el mío, el láser se pone en marcha con un pulsador situado en el centro del cuerpo, así que cuando el puntero se coloca en el interior del tubo no hay forma de acceder al pulsador de marras. Mi solución fue colocar un séptimo tornillo en el tubo que presione el pulsador cuando se aprieta. Y en sí ya está el artilugio.

 

 

Queda ponerlo a punto y usarlo. Los tornillos del tubo sirven para colimar el láser, de forma que el rayo sea coincidente al eje del tubo. Para conseguir eso, apoyaremos el tubo con el láser en un soporte que permita girar sobre su eje el tubo sin desplazamientos laterales. Yo utilicé un trozo de U de aluminio y funcionó perfectamente. Se coloca encima de una mesa sólida, se pone en marcha y se marca en una pared lo más lejos posible el punto donde incide el rayo láser. Y se hace girar el tubo, con lo que el punto luminoso describirá un círculo en la pantalla. Contra lo que cabría esperar, mi gato no muestra ningún interés por el puntito móvil. (PD: a 6 meses vista: rectifico. Se vuelve loco. En cuanto cojo el láser me persigue para jugar)

Ahora es cuestión de ir moviendo los tornillos hasta conseguir que, se gire como se gire el tubo, el punto no se mueva. Eso querrá decir que el eje del tubo coincide con el rayo. Antes de colocarlo en el portaocular, recortemos un disco de cartulina blanca, le hacemos un agujerito de unos 3 mm. para que pase el rayo y lo pegamos en el frontal del tubo.

En cuanto a la preparación del telescopio, se debería marcar el centro del primario por lo menos. Lo ideal para ello quizás sea una de esas arandelas de papel adhesivo que sirven para reforzar las perforaciones de los papeles en los archivos. En ciertas partes he oído que se debe marcar también el secundario, pero no es nada recomendable. En primer lugar, el hecho de que el secundario no esté centrado perfectísimamente no tiene demasiada importancia, ya que su superficie es plana, y sólo influiría en una pérdida de luz proporcional a la superficie del primario no cubierto, y en segundo lugar, mientras que al centro del primario no llega luz pues está a la sombra del secundario, éste está en una zona intermedia del camino luminoso, con lo que prácticamente toda la superficie tiene su importancia, y cualquier añadido podría causar una importante pérdida de contraste. Además, realmente el secundario debería ir ligeramente retrasado, alejándose del portaocular, y el centro óptico no coincide con el centro geométrico de la elipse que es el secundario. Pero esto rara vez se tiene en cuenta en telescopios con focales iguales o superiores a 6. Así pues, colocaremos el centrador en el portaocular y lo pondremos en marcha.

 

Antes de empezar, fijémosnos donde “impacta” el rayo en el primario; saquemos el centrador del portaocular, montémoslo en otro ángulo y comprobemos donde va ahora el rayo. Si se repite esta operación varias veces, nos podemos hacer una idea de como va la parte mecánica. Si a pesar de las reposiciones el láser siempre toca el mismo punto del primario, perfecto. Si varía, malo... O el portaocular no está como Dios manda, o el rebaje a 31,7 mm. que hemos hecho no es un dechado de virtudes. Habrá que averiguar donde está el fallo. Bien, supongamos que sí, que está como esperábamos. En el secundario aparecerá uno o dos puntos brillantes, depende del centraje que tenga al inicio (Seguramente necesitaremos la ayuda de un espejito de mano para verlo) y otro en el primario. Si echamos algo de humo de un cigarrillo en el tubo veremos el recorrido del rayo, que aunque no sirve realmente para nada, queda ciertamente espectacular. Debemos empezar moviendo el secundario para conseguir que el láser toque en el centro, quizás ligerísimamente hacia arriba; y luego, con los tornillos calantes de regulación de la araña, mover el rayo reflejado hasta que toque en el centro que hemos marcado del primario. Actuando entonces los tornillos del barrilete, debemos hacer que el rayo vuelva por donde vino. Y la forma de hacerlo es ver el reflejo en el disco de cartulina que pegamos en el extremo del tubo; y conducir el punto luminoso hasta que “se cuele” por el agujero central. Para estas operaciones resulta casi imprescindible que alguien nos eche una mano.

Y así de sencillo, ya está centrado. Los retoques son tan sencillos que nos podemos permitir el lujo de retocar la colimación cada noche y estar seguros de que le estamos sacando el máximo de rendimiento a nuestro reflector. Dos consideraciones. Una, que por una vez, los compactos cassegrain pierden, ya que este sistema no sirve para los telescopios con el primario perforado; y dos, que a pesar de que el láser que utilizaremos es de muy baja potencia, es muy peligroso dejar que incida directamente en un ojo, y que hay que usarlo con la prudencia requerida.