Soporte ecuatorial

El Hale-Boop me pilló fuera de casa, liado hasta la médula en el bizantino proyecto de montar un museo en apenas un mes. De hecho, “descubrí” el cometa una noche en que el stress se estaba divirtiendo con mi estómago sin dejarme dormir. Y allí estaba, sobre las palmeras andaluzas, enmarcado en el balcón. Como este tipo de iniciativas suelen reunir a los más locos, no me costó ningún esfuerzo convencer a mi amigo Rafael de que dedicásemos un par de horas en su taller (¡que maravilla de taller!) a construir la tabla ecuatorial que presento.  El tema de la tabla llevaba rondando en mi cabeza y esa fue la ocasión de poner a prueba las mejoras que se me habían ido ocurriendo para mejorar la precisión sin menoscabar la sencilla elegancia de su diseño. La primera aportación fue suprimir la bisagra. En su lugar hay dos arandelas de 4 mm. de diámetro interior y el exterior lo más grande posible. Luego explico porqué. La forma de montarlas, para que queden paralelas, es sencillo. Se ensartan en una varilla roscada, entre tuercas cada una; se sujetan entre las maderas en su posición definitiva, y se aprieta con un tornillo de banco hasta que las arandelas se clavan 4 o 5 mm. en las dos maderas. De esta forma las maderas tienen una hendidura semicircular que hace las veces de bisagra. Las dos arandelas se fijan con cola instantánea a una de las dos maderas. Como tornillo de “seguimiento” escogimos (lo que había) una varilla de M6 y le encajamos un disco de madera a modo de pomo. Determinamos la distancia del tornillo a las arandelas en función del peso del tornillo, de forma que el seguimiento ecuatorial correspondiera a una vuelta del pomo por minuto. Para los que estén pez en mecánica, el paso de rosca corresponde al avance por vuelta. Un tornillo de M6x1 es un tornillo de 6 mm. de diámetro que avanza 1 mm. por vuelta.  Para este tornillo, como el día tiene 23h56´ => 1436 minutos y cada minuto debe ser una vuelta, funcionará bien suponiendo que se trata de una rueda dentada de esos dientes (y milímetros, claro!), por lo que el radio, o sea la distancia que separa las arandelas y el tornillo será de 228,5 mm. La rótula fue otro cantar. No había tiempo de pasearse por las tiendas fotográficas del lugar en busca de una buena, así que una bola de baquelita procedente de una maneta de máquina, un par de piezas provenientes de una bici vieja y unos tornillos se convirtieron en algo que ha resultado ser supersólido y cómodo de usar. Sin dudarlo, la mejor rótula que he usado. Quedaba una fijación para trípode (una tuerca empotrable para madera) y algo que mantuviese unido el conjunto, pues al no haber bisagra, las maderas son independientes. Intentamos solucionarlo con un par de fuertes gomas elástica, pero resultó una mala solución, porque el peso de la cámara las vencía; y al final se cambiaron por un par de muelles fuertemente comprimidos con unas palomillas, a la manera que se montan en los barriletes. Como están situados cerca de las arandelas, el esfuerzo se mantiene constante y ahora funcionan perfectamente. Y ahora las mejoras. Vamos a usarlo.  Se instala sobre un trípode fotográfico, cuanto más sólido mejor, y A TRAVÉS DE LOS AGUJEROS de las arandelas se apunta a la Polar. ¡Tenemos un buscador de la Polar!. El ángulo que marca un agujero de arandela visto desde el otro en mi aparato corresponde a 2º y eso es un excelente posicionado para trabajar con teleobjetivos cortos. Tuve que pintar de blanco el interior de las arandelas para verlas de noche, a la luz de mi linterna led, pero eso es pecata minuta. Y ahora el seguimiento. Como el pomo debe girar 1 vuelta por minuto, pegamos un reloj (de agujas!) al pomo. Como la segundera da también una vuelta por minuto, sólo debemos girar el pomo de forma que la segundera parezca no moverse, apuntando siempre hacia nosotros o a la cámara, por ejemplo. A los 30” el movimiento manual se realiza ya de forma automática, y los errores comentidos no superan nunca los 10”, lo que está muy bien. Los resultados son muy, muy buenos. De un carrete con un tele de 135 mm., sólo una tiene un ligero fallo de seguimiento con exposiciones de 5 minutos (y algunas están movidas a causa del trípode, pero esa es otra guerra). Mi amigo Gavín lo probó con un teleobjetivo de 200 mm. que ya es una barbaridad para un montaje tan precario y los resultados son tan buenos como con el 135. Tanto, que se ha construido uno para él. Esperaba mostrar imágenes más espectaculares, pues se lo dejé a mi amigo Jordi que iba a pasar sus vacaciones en África (constelaciones australes, ninguna luz a kilómetros a la redonda), pero la suerte giró la cara, y por lo que cuenta, sólo una noche pudo ver alguna estrella entre las nubes, y pertenecía a la Osa Mayor.