LA FOTOGRAFÍA DE METEOROS DESDE MÚLTIPLE ESTACIÓN

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blank.gif (49 bytes)Josep Maria Trigo i Rodriguez

 

 

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La fotografía de los meteoros desde una única estación nos permite conocer la trayectoria aparente del meteoro proyectada en la bóveda celeste, como si se tratase de un fenómeno transcurrido entre las estrellas mismas. Para conocer la trayectoria real de la partícula en la atmósfera se deberá realizar la fotografía del meteoro desde doble o múltiple estación. Si además de registrar el trazo desde dos estaciones, somos capaces de estimar la duración exacta del meteoro podremos calcular la velocidad geocéntrica de entrada. Sabida esta velocidad ya podremos calcular la órbita de esta partícula y, por tanto, conocer toda la información posible, incluso por comparación orbital el cuerpo engendrador del cual se ha desprendido. Precisamente la determinación de la órbita heliocéntrica de los meteoroides viene a ser una de las mayores aportaciones que se pueden hacer en astronomía de meteoros. Conseguir asociar la órbita del meteoroide con el cuerpo originario constituye una aportación fundamental en el estudio de la dinámica de la materia interplanetaria. 

En la década de los noventa la lluvia de meteoros anual de las Perseidas poseyó una actividad muy alta debido al retorno del cometa emparentado P/Swift-Tuttle. Este impresionante bólido de magnitud -8 producido por la entrada a la atmósfera de un fragmento de este cometa fue fotografiado por el autor en pleno máximo la noche del 11-12 de agosto de 1993. Posteriormente se calculó su órbita, confirmándose que era muy similar a la del cometa (Trigo J., 1997).

Estos meteoroides grandes estaban contenidos en una nube de partículas en forma de huso que comenzó a detectarse en 1988 en la longitud del nodo cometario. Tal y como esquematiza burdamente la figura, acompañaban al cometa P/Swift-Tuttle siendo de origen relativamente reciente.

La siguiente figura nos muestra como los meteoroides de un mismo origen siguen órbitas casi paralelas en el espacio (1) pero al entrar en la atmósfera sus trayectorias se ionizan y parte de la energía cinética se transforma en luz produciendo el meteoro (2) que, visto por el observador, se proyecta sobre la bóveda celeste (3). Si este meteoro no se fotografía desde dos estaciones es imposible conocer su trayectoria real en la atmósfera. Sin embargo, desde una única estación si trazamos sus trayectorias, todas las pertenecientes a un mismo enjambre provendrán de un punto denominado radiante. Dependiendo de la distancia a éste cada meteoro poseerá una determinada longitud y velocidad angular. Por ejemplo, aquel meteoro que se dirija directamente hacia el observador será contemplado por éste como un punto luminoso que se enciende y se apaga en el mismo radiante. Debido a no desplazarse en el cielo se denominan meteoros estacionarios. Por regla general, cuanto más cerca del radiante aparezcan más lentos aparecerán los meteoros. 

El radiante de una lluvia de meteoros se produce por el efecto de perspectiva en el que el observador contempla los meteoros sobre la superficie terrestre. La partícula en el espacio que se denomina técnicamente meteoroide viaja velozmente hacia la Tierra (1) encontrando su atmósfera. La fricción con los átomos de la alta atmósfera origina que antes de volatilizarse su trayectoria sea visible por ionización (2) desde la superficie terrestre. Sin embargo, el observador pierde la perspectiva y contempla como el fenómeno acontece proyectado sobre las mismas estrellas (3). Por ello, se las ha denominado vulgarmente estrellas fugaces. Cada meteoro será contemplado con una perspectiva diferente según sea la distancia al radiante y la altura sobre el horizonte en la que lo observemos. Por ejemplo, los meteoros cercanos al radiante serán puntuales o de trazo muy corto, siendo sus velocidades angulares lentas. Los trazos de aquellos que veamos más alejados serán más largos y sus velocidades angulares mayores. Todos los que tienen un origen común, sin embargo, parecerán provenir indistintamente de una misma región celeste que se denomina radiante. 
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Grup d'Estudis Astronòmics      

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